La película

Para matar la experiencia inédita de los mil días de la Unidad Popular de Salvador Allende, una dictadura feroz fue necesaria.

¿Cual era el peligro?

¿Qué fueron en verdad esos años tan ocultados de la historia chilena? Los que vivieron es época los cuentan.

Aquellos que sobrevivieron y que hoy siguen luchando contra el modelo social impuesto a sangre y fuego y que dejó que la amnesia corrompa el presente y el futuro.

En el Chile actual, los tres años de gobierno de la Unidad Popular están silenciados. Aquellos que acompañaron a Salvador Allende en esta experiencia los hacen revivir.

 

Carta de Claudia Soto Mansilla

 

Crecí en Cuba con su sol, su mar y su música. Mis padres tenían un acento distinto y sus recuerdos poco tenían que ver con lo que me rodeaba. En mi casa, las fotos de Allende estaban al lado de las del Ché y Camilo, mi madre había colgado objetos tejidos con lana, que luego supe que eran mapuches, del nombre de los primeros y legítimos habitantes de Chile, el país donde nací. Me gustaba contemplar el rostro de Salvador Allende, con sus espejuelos gruesos y su bigote. Como un hombre de elegancia antigua. Pronto supe de su muerte, llegué hasta poder recitar de memoria su último discurso

Con el pasar de los años la atracción por el personaje se hizo más fuerte. Quería saber de él, leer sur discursos, oír los relatos y más relatos sobre su voluntad, su maor por su pueblo, su capacidad visionaria de comprender el  mundo. No lograba entender como ese país improbable del fin del mundo donde me toco nacer, había sido capaz de dos Premios Nobel de poesía, un presidente como Salvador Allende y uno de los más terribles dictadores, en solo dos generaciones.Viví el exilio con mis padres, crecí afuera. Tuve la posibilidad de ser niña sin el peso terrible de vivir en un país en dictadura. Creí durante veinte años que Chile era mi país, que tenía un lugar.

Pero Chile sin militares no se convirtío en el país de justicia y libertad por el que mis padres y tantos otros habían tanto luchado, sufrido, entregado. La desilución casi logró que la tierra donde nací me fuera indiferente, pero su historia me fascinaba. No quería ceder a la amargura, al derrotismo, rechazaba no tener razones de unir mi destino de mujer adulta a mi tierra natal. Mi pasión por la escritura y el cine hicieron nacer esta película. El encuentro con Jaco, fotógrafo de formación y amante de las revoluciones me dío fuerzas para emprender este trabajo. Regresé buscando la belleza, la generosida expresada por un pueblo, cuando toma en mano su destino.

 

Somos sobrevivientes, tenemos voz, tenemos una memoria que se debe transmitir, que debe vivir, como una herrramienta poderosa para consolidar el presente y construir el futuro.


 

Carta de Jaco Bidermann

Vengo de un medio de izquierda, mis padres eran militantes, el Chile de Allende siempre hizo parte de mi inmaginatio político. Siempre eran los relatos de la dictadura los que estaban presentes, como si un velo impidiera ver más allá.

Conocer a Claudia, ir a Chile y hacer esta película me permitío darme cuenta de esa experiencia única que fueron esos mil días.

El cine es testimonio, es exponer a la luz Soy ingeniero de luces en téatro, me gusta iluminar y embellecer a los artistas.

Muchas veces me emocioné hasta llorar detrás de la cámara, al oír los relatos de esos hombres y mujeres que pasaron sus vidas luchando por una sociedad más justa.

La historia chilena es un concentrado del siglo XX : un Frente Popular, un gobierno socialista revolucionario y democrático, un golpe de estado, una dictadura y el laboratorio del neoliberalismo mundial.

Es una historia de horror y de vida.

Para que al final el horror no sea lo que quede y para que esta experiencia única continue resonando, me era necesario hacer esta película.